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Muere Marjane Satrapi, la voz de Persépolis que convirtió el exilio iraní en una historia universal

La artista, escritora y cineasta francoiraní Marjane Satrapi, reconocida mundialmente por la novela gráfica y la película *Persépolis*, falleció en París a los 56 años. La noticia fue confirmada por personas cercanas a la creadora, quienes señalaron que murió “de tristeza”, poco más de un año después del fallecimiento de su esposo, el productor, actor y director sueco Mattias Ripa, ocurrido el 8 de abril de 2025.

La muerte de Satrapi marca el final de una de las trayectorias más influyentes del arte contemporáneo vinculado a la defensa de los derechos humanos, la libertad de expresión y la denuncia de los regímenes autoritarios. A través de su obra, logró acercar al mundo occidental una mirada íntima y profundamente humana sobre la vida en Irán tras la Revolución Islámica de 1979.

Nacida en Irán y exiliada en Francia desde 1994, Satrapi obtuvo la nacionalidad francesa en 2006. Su reconocimiento internacional llegó con la publicación de *Persépolis* en el año 2000, una saga autobiográfica en formato de cómic donde relató su infancia y adolescencia bajo el régimen de los ayatolás, así como las dificultades que enfrentó al abandonar su país para comenzar una nueva vida en Europa.

Con ilustraciones en blanco y negro y un estilo gráfico aparentemente sencillo, la autora consiguió retratar la complejidad de la sociedad iraní, los efectos de la represión política y las contradicciones de una generación que creció en medio de profundos cambios sociales y culturales. Su obra se convirtió rápidamente en una referencia mundial y fue traducida a numerosos idiomas.

En diversas entrevistas, Satrapi cuestionó la imagen simplificada que existía sobre Irán en gran parte del mundo. Defendía la idea de que la realidad de su país era mucho más diversa y compleja que los estereotipos difundidos internacionalmente. A través de sus historias buscó mostrar la vida cotidiana de millones de iraníes que convivían con las restricciones impuestas por el régimen.

El éxito de *Persépolis* trascendió las páginas de los libros cuando fue adaptada al cine en 2007 por la propia Satrapi junto al director Vincent Paronnaud. La cinta obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y fue nominada al Óscar como Mejor Película de Animación. Durante su presentación en Cannes, la artista dedicó el reconocimiento a todos los iraníes y reiteró su compromiso con la defensa de las libertades en su país de origen.

A lo largo de su carrera, Satrapi continuó explorando la cultura iraní y las experiencias del exilio en obras como *Bordados* y *Pollo con ciruelas*, trabajos que consolidaron su prestigio internacional. Paralelamente, mantuvo una postura crítica frente a las autoridades de la República Islámica de Irán y participó activamente en iniciativas de denuncia sobre la situación de los derechos humanos en ese país.

Uno de sus proyectos más destacados en los últimos años fue la coordinación del libro *Mujer, vida, libertad*, publicado en 2023. La obra reunió a distintos artistas para ilustrar las protestas que sacudieron Irán tras la muerte de Mahsa Amini, la joven kurda iraní fallecida bajo custodia policial después de ser detenida por presuntamente llevar mal colocado el velo.

Su compromiso con la libertad y los derechos fundamentales fue reconocido internacionalmente. En 2024 recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, distinción que la definió como una voz esencial en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, un año después rechazó la Legión de Honor francesa en señal de protesta por lo que consideró una actitud contradictoria de Francia frente a la situación política iraní.

En febrero de 2026, Satrapi impulsó la creación de la Fundación para el Cine Mattias y Marjane Ripa-Satrapi dentro de la Academia de Bellas Artes de Francia, institución de la que formaba parte. El objetivo de la fundación era apoyar a estudiantes extranjeros interesados en desarrollar estudios cinematográficos en París, un proyecto que reflejaba su interés por abrir oportunidades a nuevas generaciones de creadores.

La pérdida de su esposo dejó una profunda huella en la artista. En sus redes sociales compartió durante meses mensajes que evidenciaban el dolor provocado por la ausencia de quien describía como “el amor de su vida”. Esa tristeza, según señalaron sus allegados, la acompañó hasta sus últimos días.

Con su muerte desaparece una de las voces más influyentes del arte contemporáneo, pero permanece una obra que transformó la experiencia personal del exilio, la memoria y la resistencia en relatos universales capaces de conectar con lectores y espectadores de todo el mundo.